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El poder de la UTA en jaque: podría perder la mitad de su representación en CABA

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La presentación de un pedido de personería gremial sobre empresas clave del transporte en la Ciudad de Buenos Aires abre un nuevo frente de conflicto para la UTA. El escenario expone tensiones internas en plena etapa electoral y plantea el riesgo de una pérdida significativa de representación en el principal distrito del país.

La Unión Tranviarios Automotor (UTA) atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. En medio del proceso electoral que definirá la renovación de autoridades, el gremio conducido por Roberto Fernández enfrenta ahora una amenaza que trasciende la disputa interna: la posibilidad concreta de perder parte de su representación en el distrito más importante del país.

La Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA) presentó ante la Secretaría de Trabajo un pedido de personería gremial sobre quince empresas del transporte de pasajeros que operan en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. Esas compañías reúnen aproximadamente a 9.000 trabajadores y constituyen apenas la primera etapa de una estrategia que, según pudo saber Mundo Gremial, continuará ampliándose sobre otros segmentos de la actividad.

La jugada abre un escenario inédito. Si el trámite prospera, la UCRA quedará en condiciones de compulsar la personería gremial de la UTA dentro de ese universo de empresas, iniciando un proceso de fragmentación de la representación sindical en el corazón del transporte automotor.

En términos políticos, el impacto es aún mayor. El avance se produce cuando la conducción de Roberto Fernández llega debilitada al proceso electoral y con fisuras cada vez más visibles dentro de su propio espacio.

UUTA: una fractura que ya comenzó

La ofensiva de la UCRA no aparece aislada del escenario interno que atraviesa la UTA. Tal como anticipó Mundo Gremial, la disputa electoral dejó de ser una tensión silenciosa para convertirse en una pelea abierta entre distintos sectores del sindicato. Alberto Patiño, actual secretario de Organización de la UTA, comenzó a construir un armado propio y decidió diferenciarse de la conducción de Fernández, mientras también toman posición otros espacios opositores encabezados por Maximiliano Escriba, de UTA Mar del Plata, y Miguel Ángel Bustinduy, hoy secretario adjunto de la UCRA e histórico contrincante del «Gallego».

En ese contexto, no se descarta que distintos sectores terminen confluyendo en una misma estrategia electoral, configurando un frente opositor de mayor volumen frente al oficialismo.

La presentación realizada por la UCRA constituye, además, un dato político de enorme relevancia porque Alberto Patiño aparece como uno de los dirigentes que decidió jugar por fuera del esquema tradicional de conducción, profundizando una crisis que ya no puede explicarse únicamente como una disputa de candidaturas.

Del conflicto interno a la pérdida de representación

La discusión ya no pasa solamente por quién conducirá la UTA a partir del próximo mandato. El pedido de personería presentado por la UCRA coloca sobre la mesa una consecuencia mucho más profunda: la posibilidad de que el sindicato pierda representación efectiva sobre una porción significativa de los trabajadores del transporte en el Área Metropolitana.

Las quince empresas incluidas en esta primera presentación concentran alrededor de 9.000 trabajadores y representarían cerca de la mitad del padrón del ámbito alcanzado por esta primera avanzada en Capital Federal. Sin embargo, desde el espacio impulsor dejan trascender que el objetivo no termina allí y que el proceso continuará expandiéndose hacia otros sectores.

Es decir, la discusión no gira únicamente sobre una elección interna sino sobre la eventual reconfiguración del mapa sindical del transporte.

El espejo de los Metrodelegados

El escenario remite inevitablemente a un antecedente que marcó la historia reciente del sindicalismo del transporte: el nacimiento del sindicato del subte de los Metrodelegados.

Lo que comenzó como una organización paralela dentro del subterráneo terminó consolidándose como un actor con representación propia, quitándole poder de fuego a la UTA en uno de los sectores históricamente más importantes de su estructura sindical.

Ahora, el fenómeno amenaza con reproducirse en el transporte automotor de pasajeros. La diferencia es que, esta vez, la disputa no se limita a un solo subsector sino que alcanza empresas de colectivos del distrito con mayor peso político y sindical del país.

Más allá del alcance jurídico que finalmente tenga el trámite, el movimiento posee una enorme carga simbólica. Así como la irrupción de los Metrodelegados significó para la UTA la pérdida de un enclave estratégico dentro del sistema de transporte, el avance de la UCRA vuelve a mostrar que la erosión del poder de Roberto Fernández ya no proviene únicamente desde adentro del sindicato, sino también desde organizaciones que buscan disputarle representación por fuera de su estructura. Es un nuevo síntoma del desgaste de un modelo de conducción que empieza a perder capacidad para contener a todo el universo de trabajadores de la actividad.

Una conducción cuestionada

La crisis actual también encuentra explicación en un proceso que distintos sectores internos vienen señalando desde hace años. Las críticas apuntan a una conducción caracterizada por la escasa apertura democrática, la concentración de decisiones y la falta de renovación de cuadros dirigenciales. Ese modelo terminó alimentando la aparición de nuevos espacios internos, agrupaciones opositoras y, finalmente, organizaciones sindicales alternativas.

La fragmentación aparece así como consecuencia de un deterioro político acumulado y no como un episodio aislado. A ello se suma el contexto de conflictividad que atraviesa la actividad, con pérdida del poder adquisitivo, reducción de puestos de trabajo y crecientes cuestionamientos hacia la conducción nacional del gremio, factores que profundizaron el desgaste del liderazgo de Roberto Fernández.

La reforma laboral, un factor determinante

Otro elemento resulta determinante para comprender el momento actual. La reciente reforma laboral del gobierno de Javier Milei incorporó modificaciones que facilitan los procesos de disputa por la representación sindical, generando un marco jurídico distinto al que existía hasta hace pocos años.

Sin ese nuevo esquema legal, la estrategia impulsada por la UCRA difícilmente hubiera encontrado las condiciones para desarrollarse.

La combinación entre una conducción cada vez más cuestionada y un nuevo escenario normativo explica buena parte del proceso que hoy comienza a tomar forma.

El proceso electoral acelera las definiciones

El sábado 27 de junio, el oficialismo reunió al 51° Congreso General Extraordinario de Delegados de la UTA, encuentro que puso formalmente en marcha el cronograma electoral para la renovación de autoridades

Lejos de exhibir cohesión, la reunión dejó al descubierto cómo comenzaron a ordenarse los distintos sectores internos que disputarán el poder dentro del gremio, confirmando que el oficialismo ya no enfrenta únicamente una oposición externa, sino también una fuerte disputa desde dirigentes que hasta hace poco integraban su propio espacio.

El Congreso también reflejó otra discusión de fondo: la tensión entre las estructuras del interior y el peso específico del Área Metropolitana de Buenos Aires dentro de la organización. En ese marco, la avanzada de la UCRA adquiere una dimensión todavía mayor. Si la UTA pierde representación sobre una porción significativa del AMBA, el golpe no sería únicamente cuantitativo. También implicaría una pérdida de influencia sobre el distrito de mayor volumen político, sindical y electoral del gremio, alterando el equilibrio de poder que históricamente sostuvo la conducción nacional.

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