Por FERNANDO DONAIRES
Cuando inició su Gobierno Javier Milei repetía incansablemente que ganar la batalla que significaba resolver los problemas de la Argentina no dependía de la cantidad de soldados con que se cuente sino de “las fuerzas del cielo”, de las cuales él se sentía único depositario capaz de utilizarlas en favor de la gente y en contra de los privilegiados de la casta política. No necesitaba a nadie más. La agrupación de twitteros que lo acompañó desde la campaña electoral, adoptó ese nombre, para azotar desde allí a los opositores y si era necesario, como en la inquisición, se enviaba a la hoguera a cualquier funcionario que cometa la herejía de
opinar.
Habiendo transcurrido más de la mitad de su mandato las fuerzas del cielo parecen no haber sido eficaces para para sostener su gestión y mucho menos para encauzar a la Argentina en el sendero del desarrollo. Los “soldados” mucho menos, ni en cantidad ni en calidad, como ha quedado expuesto en las sucesivas derrotas legislativas y en los papelones que tuvieron a sus legisladores como principales protagonistas. Solo el acompañamiento de la casta legislativa ajena a su partido, que tanto fustigó, la ayuda de Donald Trump y la falta de una alternativa política a la oxidada oposición kirchnerista, explican la supervivencia política de Javier Milei.

El paso de la motosierra por distintas áreas y organismos del Estado, la baja de salarios y jubilaciones, la falta de inversión en infraestructura, la apertura indiscriminada de la economía no parecen estar redundando en beneficios palpables, al menos para la mayor parte de los Argentinos. La inflación no cede como se esperaba. El Ministro Caputo pide paciencia “si Dios quiere” ahora va a venir la buena. Mientras tanto el Presidente llora en el Muro de Los Lamentos.
Las fuerzas celestiales de los twitteros han visto menguado su poder, dejaron de ser un ejército ordenado para la ofensiva para pasar a ser una patrulla perdida que en la retirada, confundida solo atina a disparar contra los propios, ya no hay épica, se la llevó Adorni con los viajes conyugales y sus operaciones inmobiliarias. Como para confirma que la Argentina está a la buena de Dios, por estos días circuló un video donde Dante Guebel acaba de anunciar que será candidato a Presidente si el “Señor” se lo pide, a la vez que realizaba un raid mediático por varios canales de streaming.
No obstante hace algunas semanas, sin la presencia del pastor siervo, la feligresía que promueve la candidatura de Gebel se presentó en sociedad con un nutrido acto en el Microestadio del Club Lanús bajo el nombre de “Consolidación Argentina.” La muchachada no estápara esperar llamados de Dios y decidió primeriar antes que las bendiciones del señor recaigan sobre otros.
Pasacalles, micros, Dirigentes sindicales, reconocidos punteros del conurbano, legisladores provinciales y funcionarios de algunas provincias, empresarios, futbolistas y algunas “ glorias” de la política de las últimas décadas como Graciela Caamaño colmaron el escenario y engrosaron la larga lista de oradores. No faltaron las peleas entre grupos y algún retiro ruidoso. Todo en un espacio cedido por el massista Nicolás Ruso. Los ingredientes de siempre se reunieron para tratar de dar nacimiento a “algo diferente”.
Gebel no da definición alguna sobre su candidatura, mucho menos sobre los problemas que afectan al país, confía en que debe haber gente buena y capaz que le acerque un programa que lo convenza. No parece tener ninguna de las condiciones necesarias para ser Presidente, pero quizás reúna las suficientes para ser candidato. Alberto Fernández y Javier Milei han logrado que la Presidencia de la Nación luzca como algo al alcance de cualquiera. Tener experiencia exitosa en el manejo de la cosa pública, una organización política sólida, equipos y capacidad de conducción ya no son requisitos exigibles por una sociedad cada vez más
descreída y resignada al fracaso constante.
Hace días un Gobernador cordillerano entrevistado con motivo del tratamiento de la ley de glaciares, ante la pregunta de si apoyaba al Gobierno Nacional exhibió una notable muestra destreza semántica para explicar que sí, pero no. No conviene jugársela mucho .Lo importante era que salga la ley, quién y cómo se gobierna la Argentina es lo de menos. Este parece ser el
común denominador en el firmamento de los caudillos provinciales cada vez más desentendidos de la política nacional.
La carencia de nuevos dirigentes políticos con vocación de liderar un Proyecto Nacional deja a los argentinos a merced de los que fracasaron en el pasado, los que están fracasando hoy y de los improvisados de mañana que ofrecen su cara a los que no la pueden mostrar. De todas maneras, en un país donde nada es serio, quizás haya que tomar en serio a estos últimos, después de todo ya lo dijo el líder Liberal colombiano Jorge Eliécer Gaitán, cuyo magnicidio provocó las sangrientas jornadas conocidas como “El Bogotazo”: “A los grandes Movimientos no todos los que van son bandoleros, pero los bandoleros, van todos.”














